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LOS PÁJAROS DEL AMOR  
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Domesticación y adiestramiento

 

Las alas deben ser recortadas para llevar a cabo el proceso de domesticación. Ello hará las cosas más fáciles tanto para nosotros como para nuestro pájaro.

Si queremos un inseparable muy dócil y afectuoso, lo mejor es adquirir un ejemplar joven criado manualmente. Un agapornis de más edad será mucho más difícil de adiestrar.

Unas cuantas cosas que necesitaremos para comenzar, son una percha de madera de unos 30 cm., una habitación tranquila en la que no haya elementos de distracción y un par de guantes. Es mejor, sin embargo, prescindir de éstos, ya que con frecuencia asustan al pájaro. De todos modos, los mordiscos de los agapornis pueden resultar desagradables.

Por tanto, si decidimos usar guantes, asegurémonos de que se ajustan cómodamente, son suaves al tacto y de tonalidades clara o color carne. El punto para llevar a cabo el adiestramiento debe ser una habitacion que esté lo más vacía posible, con muy escaso o ningún mobiliario. Esto hará que sea más fácil recobrar al agapornis si resulta necesario. Digamos que todos los espejos y las ventanas deberán cubrirse y las ventanas cerrarse.

Es importante, antes de iniciar la domesticación, que el pájaro haya tenido tiempo de adaptarse a su nuevo entorno. Démosle una o dos semanas para tal fin.
Manteniendo sesiones de domesticación diarias, no transcurrirá mucho tiempo antes de que el pájaro permita que lo acariciemos e incluso que le enseñemos algunos juegos.

Si se utiliza un espacio reducido, el pájaro no podrá alejarse mucho de nosotros en el caso de que huya. De hecho, pronto se acostumbrará a tenernos muy próximos. A continuación tomaremos la percha en nuestras manos y la colocaremos frente al pájaro apoyándola ligeramente en su pecho para incitarlo a que se suba en ella. Probablemente intentará huir volando pero si se le ha recortado las alas, no podrá ir muy lejos. Evitemos perseguirlo con la percha en la mano ya que puede asustarse y lesionarse. Esperemos hasta que se haya tranquilizado y repitamos de nuevo el proceso. Solamente deberemos seguir con esta labor durante unos quince minutos y tomarnos después un descanso; con ello nos resituaremos de nuevo. Podemos llevar a cabo unas cuantas sesiones al día pero al principio no conviene que excedamos una hora entre todas.

Recordemos que no debemos sentirnos frustados, que debemos mantener la calma y que es preciso que utilicemos un tono suave y tranquilizador al hablar con nuestro nuevo compañero.

Cuando el pájaro se encuentre posado sobre la percha, levantemos lentamente la mano hasta llegar a la altura de su pecho y presionémoslo ligeramente de modo que se vea obligado a subir a nuestra mano.

Tan pronto como nuestro pájaro haya decidido posarse voluntariamente sobre nuestra mano, habremos ganado su confianza y con ello los ulteriores procesos de domesticación resultarán más fáciles.

Con tiempo y paciencia nuestro agapornis gozará posándose sobre nuestra mano o en nuestro hombro. Esto le concede más libertad. Ahora ya podemos sacarlo de la jaula para que juegue un poco con nosotros o para hacernos compañía mientras deambulamos por la casa.

Permita que el inseparable aún no domesticado se acostumbre a su nueva casa al menos durante unas veinticuatro horas, de modo que pueda estar seguro de que se está alimentando normalmente. Cada vez que se aproxime a la jaula, háblele en voz baja y tranquila para que se dé cuenta de que no está usted pensando en atacarlo por sorpresa. Al principio el pájaro puede chillar o retirarse hacia la parte posterior de la jaula, pero sus gritos se irán haciendo cada vez menos convincentes a medida que se dé cuenta de que no intenta hacerle daño alguno.

Cuando el agapornis ya esté comiendo normalmente, necesita usted avanzar y comenzar a domesticarlo. No deje de darle lecciones durante períodos prolongados de semanas o meses. Los inseparables crecen rápidamente, y basan su comportamiento en su adiestramiento inicial. Si no comienza a domesticarlos a una edad temprana, puede que le resulte mucho más difícil hacerlo después.

Para las primeras lecciones, escoja una zona pequeña y que sea segura para el pájaro. Una bañera que pueda cerrarse del resto de la habitación es una elección adecuada. No obstante, por si el pájaro consiguiera escapar, cierre la tapa del WC, cubra el espejo, y guarde todos los artículos frágiles o venenosos. Entonces lleve a la zona de adiestramiento un palo, algunas golosinas y la jaula. Cierre la zona de adiestramiento y ya estará listo para comenzar.

Empiece abriendo la puerta de la jaula del agapornis, mientras le habla constantemente en voz baja. Dígale que es un pajarillo precioso y lo mucho que le gustaría ser su amigo. Una vez que la puerta está abierta siéntese un momento y continúe hablándole. Deje que el inseparable se haga cargo de la situación. Si tiene suerte, puede que decida salir de la jaula por su propia iniciativa después de algunos minutos -una indicación de que del pájaro será fácil de domesticar-. Si ya es más tímido, puede que tenga que ayudarlo a salir insertando el palo dentro de la jaula y sujetándolo a la altura del pecho del ave. Cuando suba al palo -y los loros rara vez pueden resistir subirse- comience a sacar el palo lentamente de la jaula. Durante todo el tiempo que esté usted trabajando, continúe hablándole en voz baja y tranquila.
Una vez que el inseparable esté sobre la jaula o en su palo, puede enseñarle a aceptar golosinas de su mano. Ofrézcale algo especial, como por ejemplo un cacahuete pelado o media uva. Al principio es posible que el pájaro tenga temor de acercarse demasiado a su mano. Tenga paciencia. Continúe hablándolo. Cuando acepte la golosina, alábelo con entusiasmo de modo que aprenda a relacionar las golosinas con su voz.

La siguiente lección implica enseñarle al agapornis a subirse a su mano o a su dedo. Algunos adiestradores recomiendan usar guantes porque existe una posibilidad de que el pájaro asustado pueda morder. Sin embargo, otros hacen notar que el uso de los guantes sólo demora lo inevitable ya que tarde o temprano querrá enseñar al pájaro a subirse a su mano desnuda. A diferencia de los grandes loros, la mayoría de los agapornis probablemente no han tenido ninguna experiencia atemorizadora con los guantes, de modo que este paso no dañará activamente la relación que se irá desarrollando con su pajarillo. Sin embargo, se trata de un paso adicional que no tiene usted que tomar necesariamente a menos que se asienta usted realmente nervioso. Tal vez convenga recordar que aunque el picotazo de un agapornis puede ser doloroso, realmente no puede hacerle ningún daño.

Con o sin guantes, debería mover su mano hacia el pecho del inseparable, muy lentamente, hablándole todo el tiempo para que se dé cuenta de que no está tratando de cogerlo por sorpresa. Cuando se decida a subir, probablemente bajará el pico para equilibrarse sobre su nueva percha. Esta acción de equilibrarse con ayuda del pico no le hará a usted ningún daño, de modo que evite quitar la mano bruscamente, lo cual podría frustar a su pajarillo. Deje que él se dé cuenta de que usted representa un lugar seguro y cómodo para posarse.

Si el pájaro le da un picotazo, simplemente dígale "no" en voz alta, y continúe la lección. Nunca golpee ni castigue a un pájaro. El castigo no le enseñará nada, excepto a tenerle miedo -y esto es lo último que debería desear-.

Una vez que el pájaro se haya posado sobre su dedo, puede ofrecerle otra golosina, alabarlo con entusiasmo y dejarlo comer de su mano mientras oye sus palabras que expresan orgullo. Cuando haya terminado de comer, controle su reloj para comprobar que la sesión no se ha prolongado demasiado. Ni siquiera un pájaro joven y sano debería trabajar durante más de veinte o treinta minutos. Suavemente, vuelva a poner el pájaro en su jaula y prepárese para continuar el adiestramiento cuando haya transcurrido no menos de una hora ni más de un día.

La próxima vez, puede ayudar a su inseparable a aprender a pasar de una mano a la otra. Alábelo cada vez que responda con rapidez. No sea tímido para demostrar su entusiasmo. No puede darle una golosina cada vez que haga lo correcto, porque pronto estaría a punto de reventar, pero ciertamente siempre podrá abrumarlo con palabras cariñosas. Despues de cierto tiempo, el pájaro habrá adquirido confianza suficiente como para encaramarse a sus hombros o a su cabeza. Por favor, evite que adquiera la costumbre de usar su cabeza como percha. Un "no" en voz alta al tiempo que lo hace descender a los hombros debieran ser suficientes.

Cuando el agapornis confíe en usted y pida activamente dejar su jaula para subir a sus hombros, estará domesticado. Sin embargo, puede facilitar a ambos si insiste en dar un paso más -enseñar al pájaro a aceptar su mano alrededor de su cuerpo o sobre su cabeza-. Tendrá que trabajar lenta y cuidadosamente cuando comience a rascar la cabeza de su inseparable. Mueva la mano muy gradualmente para rascarle las orejas. Después de unas cuantas sesiones, el pájaro se dará cuenta de que le encanta que lo rasquen y puede que ponga la cabeza en sus manos para conseguir ser acariciado. Estupendo. Después de un tiempo, podrá usted poner su mano sobre la cabeza del pájaro e incluso sobre su lomo, y acariciarlo suavemente. Aunque es posible que el pájaro no llegue nunca a estar por completo encantado de que ponga usted su mano sobre su cuerpo, se alegrará usted de haberle enseñado a tolerar esta manipulación cada vez que tenga que cortarle las uñas o sujetarlo para que lo examine el veterinario.

Cuando el inseparable esté domesticado y confíe en su bondad, es posible que a veces parezca aprovecharse de usted. Por lo general los dueños de loros tienen que enfrentarse a dos problemas fundamentales -los chillidos y los picotazos-. Si su inseparable chilla para saludarlo cuando llega usted a casa, no debiera usted preocuparse demasiado. Simplemente está diciéndole hola. Sin embargo, si chilla constantemente para llamar la atención, algo falla. ¿Está usted dedicándole suficiente tiempo? Quince o veinte minutos pueden satisfacer a un independiente loro amazónico, pero un inseparable necesita más afecto que eso. Construya un corral para juegos, de modo que pueda llevarlo con usted de una parte a otra de la casa mientras lleva usted a cabo sus tareas. Póngale un platillo de su propiedad para que pueda compartir sus comidas. Déjelo que se acerque a usted mientras ve la televisión. Pronto verá que es más fácil de lo que pudiera parecer dar a su inseparable el tiempo de atención que necesita.

Naturalmente, si hace usted todo eso y el pájaro sigue quejándose, puede que el inseparable esté intentando hacer que se sienta usted culpable de modo que él pueda dirigir la casa. En este caso, póngalo en su jaula y cúbrala cuando chille. Además de hacerlo callar de inmediato -pocos pájaros se atreven a chillar en la oscuridad- este tratamiento le enseñará que chillar no es la mejor manera de llamar la atención.
Los inseparables jóvenes, especialmente los de cara de melocotón, pasan por una fase de desarrollo durante la cual parecen picotear o mordisquear todo lo que se pone a su alcance. Es necesario decirles "no" con voz alta y firme cada vez que picoteen algo que no debieran, y después dirigirlos hacia algo en lo que sí puedan ejercitar sus picos. Eventualmente, la costumbre debiera desaparecer.

Cuando su inseparable esté domesticado, puede que quiera enseñarle algunas habilidades. Magnífico. Estos inteligentes pajarillos agradecen frecuentemente la oportunidad de aprender nuevos modos de atraer la atención de los seres humanos. Aunque es raro en estos loros relativamente no vocales, algunos agapornis pueden incluso a aprender a hablar.

Al trabajar con inseparables adultos no domesticados, o incluso con algunos ya domesticados, los adiestradores profesionales suelen emplear una recompensa alimenticia para enseñarles trucos. Aunque la técnica funciona muy bien, requiere tiempo y paciencia. El cada paso debe usted ofrecer al inseparable una golosina, por lo cual al poco rato se sentirá repleto. Las lecciones no pueden avanzar demasiado en cada sesión, de modo que enseñarle un truco puede necesitar mucho tiempo.
Sin embargo, cuando haya usted establecido una buena relación con su inseparable, podrá premiarlo con algo que nunca lo saciará -cariño y atención-. Puede rascarle la cabeza, alabarlol, y en general esto le encantará. De hecho, los pájaros adiestrados con el cariño como premio tienen las mayores posibilidades de convertirse en "estrellas" ansiosas de mostrar sus habilidades ante los seres humanos.

Además de proporcionar a su inseparable otro modo de conseguir su atención, el adiestramiento estimula a los pájaros para que hagan ejercicio. Recuerde que un agapornis silvestre puede volar muchas millas en busca de alimento. Un poco de adiestramiento para hacer algunos trucos puede incentivar a su sedentario pajarillo para que realice un saludable ejercicio para su corazón y sus músculos.

Resulta más fácil enseñar trucos que se basen en los comportamientos naturales de los agapornis. Por ejemplo, puede usted enseñar fácilmente a su pájaro a jugar a "tirar de la cuerda" con un trozo de carón o ua dedenita. Es divertido tirar suavemente y sentir que su pajarillo responde con sorprendente energía. Otros trucos fáciles aprovechan la curiosidad de su inseparable por los juguetes. Enséñele a trepar por una escalera o a tocar una campana a su orden instalando el correspondiente juguete en su corral de juegos, y pidiéndole "Sube la escalera" o "Toca la campana". Cuando lo haga, alábelo con profusión. Con el tiempo, asociará la orden con la actividad que tiene que hacer para conseguir que lo alaben. Llegado ese momento, su pájaro obedecerá sus órdenes.

En las tiendas de animales y en las revistas de pájaros puede encontrarse una gran variedad de juguetes y dispositivos para entrenar a su pájaro, de modo que llegue a hacer incluso los trucos más difíciles. ¿Le gustaría enseñar a su inseparable a montar en moto o a meter una moneda en una hucha? Los artículos necesarios existen.
Nunca olvide que adiestrar a su pájaro debiera ser una diversión, no una lucha. El período durante el cual un inseparable puede estar atento es corto, y no debiera pedírsele que se mantuviera trabajando en un truco por más de diez o veinte minutos, en cada sesión. Sea paciente, amable, y pródigo en alabanzas, y trate siempre de terminar cada sesión con una nota positiva. Si el pájaro ha aprendido algo nuevo dentro de los cinco primeros minutos de la sesión, estupendo. Alábelo y dele una golosina antes de continuar. No hay premios para "el pájaro adiestrado rápidamente".

Ahora le indicará cómo puede usted enseñar a su inseparable a hablar, para provecho de quienes tengan mucha paciencia. No obstante, no deje que su cariño por el ave dependa enteramente de su habilidad para hablar. Los agapornis son inteligentes, pero no están bien dotados para vocalizar. Si realmente quiere usted tener un ave parlante, le conviene comprar un periquito o uno de los loros amazónicos. Sus mejores posibilidades de tener un inseparable que hable consisten en comprar un pájaro joven alimentado a mano, que ya haya conseguido decir algunas palabras oídas a su criador -si puede convencer a éste de separarse de un pájaro tan espléndido-.

No pierda tiempo tratando de enseñar a un agapornis adulto. Cuanto más joven sea el pájaro al comenzar el adiestramiento, tantas más posibilidades tendrá de enseñarle algunas palabras. También tendrá más posibilidades de enseñarle a hablar si trabaja usted en casa, donde pueda exponerlo a su charla a todas horas.

Las lecciones formales deberían durar unos cinco minutos y tener lugar al menos una vez al día, aunque es preferible tener varias sesiones cada día. Haga que el inseparable se pose en su dedo, sosténgalo de modo que ambos puedan mirarse a los ojos, y repita la frase que quisiera enseñarle. Comience con algo corto pero fácil, como "pajarito bonito". Repita la frase una y otra vez en voz clara y firme, pero alegre.

Conviene complementar las sesiones personales con una cassette sin fin que produzca la frase a enseñar. De este modo, el inseparable podrá practicar mientras usted esté ausente, y así no se volverá usted loco antes de que él haya aprendido su primera palabra. Sin embargo, no conviene dejar que la cassette reproduzca la frase durante ocho horas seguidas, porque el pájaro simplemente aprenderá a entonar la frase. Haga funcionar la cassette durante unos veinte minutos o una hora cuando usted tenga otras cosas que hacer.